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viernes, septiembre 30, 2011

La puntuación, la sintaxis y el amor.

Por Leila Macor (de su libro Nosotros, los impostores). Montevideo: Sudamericana, 2010.

Siempre que pongo un punto y coma sonrío. Me acuerdo de un amigo de mi hermano, a quien yo amaba como loca en mi adolescencia, que dijo una vez que un verdadero escritor se reconoce porque sabe usar el punto y coma. Por supuesto comencé a usar frenéticamente el punto y coma, aunque él nunca se dio cuenta de mi pericia puntuadora. Luego, en el colegio, escribía parodias de los poemas que estudiábamos en la clase de Literatura y las pegaba en la cartelera del salón, sólo para ver reír al chico del fondo que me gustaba y que no me hacía el menor caso, excepto cuando leía aquellas burlas gracias a las cuales yo existía un poquito para él. Me enamoré después de un hippie. En consecuencia, un ejército de gnomos, hadas y plagiados cronopios tomó por asalto mis cuadernos, que por fortuna hice desaparecer de la faz de la Tierra. Mi primer novio leía a Nietzsche: en aquel tiempo escribí herméticamente versos oscuros sobre simbólicas tarántulas que hoy día no consigo entender (y creo que en aquel momento tampoco).

El siguiente fue un poeta para quien el punto y coma era tan feo e inelegante como una factura de la luz, los dos puntos un recurso vulgar destinado a un recetario de cocina y los paréntesis una trampa que esconde la incapacidad expresiva del escritor. Así que punto y coma, dos puntos y paréntesis quedaron proscritos de mi escritura durante un par de años. Sólo después de mucho esfuerzo los logré reincorporar. Algunos de los hombres que me gustaron no eran lectores y simplifiqué mis textos; otros eran intelectuales y entonces los academicé, llenándolos de citas de Heidegger y Schopenhauer que tomaba prestadas de mi agenda. Una vez me enamoré de uno que amaba las oraciones cortas y las sentencias desadjetivadas; poco después me enamoré de otro que prefería el barroquismo y las descripciones delirantes: salté de Carver a Carpentier como quien cruza la calle. Después tuve un novio fanático de Rimbaud y de Baudelaire y yo me puse por tanto agresiva y negativa.

Luego vino un chico que odiaba el «sándwich literario», que es cuando se coloca un sustantivo entre dos adjetivos (por ejemplo, la «enigmática casa antigua»). Ergo, me volví implacable con los adjetivos, cacé sándwiches y acabé con todos ellos. El siguiente se la tenía jurada a los adverbios. Decía que son un bastón para apoyar a un verbo que no tiene suficiente fuerza. Saqué adverbios y usé sólo verbos autoválidos. Y otro abogaba por la eliminación de la palabra «como». La luna es un queso, no como un queso. El «como» ensucia la metáfora, decía, porque la transforma en una anodina comparación. Busqué entonces todos los «como» de mis archivos con Find and Replace y los borré de un manotón en el teclado. Luego mi ex esposo se reveló como un gran admirador de Kundera y elogió las metáforas que «caen como un rayo iluminador sobre una escena». Intenté por ende, y durante años, imitar el rayo iluminador de Kundera. Pero ninguno de ellos se enteró jamás, lógicamente, de todo esto que se cocía entre la palabra y yo. Desde que puedo recordar, la escritura ha sido mi forma más inadvertida, menos eficaz y peor orientada de coquetear.

jueves, mayo 07, 2009

De Alejandra Tenaglia - Lo que el tiempo se llevó.

Lo que el tiempo se llevó

Por Alejandra Tenaglia.

La mujer se sienta frente a la computadora. Es escritora por necesidad, no económica sino vital, aunque las cuentas la asfixien cada mes. Tiene una metodología de trabajo que consiste en pensar una historia que le permita mechar la realidad que la circunda, con giros literarios y divagues disfrazados de normalidad. Una vez pensada la historia, bosqueja con palabras la estructura del relato. Luego robustece cierta idea, desinfla un comentario para ocultar su personalidad, rodea un deseo de ornamentos impostados, filtra una caricia para su amante, ironiza alguna verdad, perpetúa sus miserias que siempre le ganan la partida, olvida lo que hay que olvidar. Mas hoy, algo ha cambiado su cotidianeidad y lo primero que hace al sentarse frente a la página en blanco, es comenzar por lo que siempre ha hecho al final: poner el título. “Lo que el tiempo se llevó”, escribe sin saber por qué y casi sin pensar. La alteración del nombre de aquella famosa película, se podría decir que le llega de un más allá ni lejano ni terreno excluyente de la creatividad.

La mujer se reclina en la silla y se pregunta ¿a qué me estoy refiriendo? Se propone hacer un listado mental de las cosas que han quedado detrás, junto con el tiempo que todo lo atraviesa como un eje sutil que, sin embargo, no se puede disimular. Y comienza: “He pasado los 30, ya no me es posible trasnochar sin sentir al día siguiente las consecuencias, tanto en mi lucidez como en mi modo de caminar; un ataque al hígado es ahora lo que antes una borrachera con whisky elaborado por algún asesino en un galpón barrial; miope soy de nacimiento pero ya no tengo ganas de renegar con lentes de contacto que se secan, se pierden, molestan en el momento clave de un día cualquiera. Una minifalda es buena compañera en verano, nunca más en noche de invierno tiritada con valentía y elegancia al ir a bailar. Bailar sólo en fiestas, o bajo la ducha, o una tarde de buen humor estimulada por un hit radial, o frente a una amiga para hacerla reír si la encuentro bajoneada, o en el gimnasio para que mis articulaciones recuperen movilidad. Pero lo que es a un boliche no vuelvo a entrar ni aunque me aseguren que adentro está Brad Pitt, recién separado y preguntando dónde me puede hallar. El tiempo se llevó mi tolerancia, ya no soporto los empujones, las pisadas, el ritual del borracho, la sobreactuación del seductor que con mirada de Tom Cruise en sus mejores tiempos lanza un: me encantás, sin saber siquiera si hablo español. El tiempo se llevó además, los discursos políticos cargados de contenido y sensibilidad, sin ir muy lejos el otro día leí que la medición del canal oficial baja cada vez que la presidenta habla. Ya nadie explica nada, ni se debaten ideas, ni les importa el pueblo salvo cuando la caja no les da. Ser ministro de una determinada cartera no lleva como requisito excluyente estar capacitado para ella, por eso tenemos a una contadora en salud y al dengue obligándonos a cambiar el perfume por repelente. Los aumentos ya no se hacen solapadamente, por eso el gas subió más de un 100% y el monotributo quién sabe dónde irá a parar. Ser obispo no es incompatible con la paternidad, de hecho es evidente que el presidente paraguayo ha mantenido firme la convicción que sostiene la Iglesia, respecto a que el uso del preservativo es antinatural. Los adjetivos evolucionaron en su calificación, ahora testimoniales son los candidatos, masivos los actos con más de 20 oyentes, divertidos los programas de chimentos, instructivos los mensajes de texto del 2020, 1212, etc., e informativos los medios.

El tiempo se llevó también la tersura de mi rostro; el color de mi cabello (porque el blanco todos sabemos, no es color); la ingenuidad con la que vivía un amor; la confianza con la que me miraba al espejo; la presteza con la que me subía al auto de una amiga para dar una vuelta; la despreocupación con la que le decía a mis padres: éste es mi novio; la alegría con la que recibía los comentarios sobre mi apariencia siempre algo mayor a mi verdadera edad; la facilidad con la que llegaba a las rodillas con mi cabeza, al elongar. Y sí, el tiempo también se llevó a seres queridos, lugares que aggiornados ya no huelen igual, momentos chiquitos y perfectos, instantes inmensos por la voluptuosidad con la que se hacían sentir en el cuerpo, nombres que nunca sonarán igual en otro humano que diga llamarse así, canciones que han perdido el vigor que me insuflaban, poemas de los que ahora sólo me quedan las palabras, sin la belleza que en ellos ayer encontraba. El tiempo, silencioso y persistente, se ha llevado mucho más de lo que puedo recordar”, termina de pensar la mujer. Se yergue en la silla y comienza a tipear, en tiempo presente, un texto futuro que aún ominoso esconde en el intento de ser, la esperanza que siempre conlleva el hacer. Qué más…

Alejandra Tenaglia

Periódico Millennium de la Gente - 2a Quincena Abril 2009

ale_tenaglia@hotmail.com

sábado, octubre 25, 2008

JOSÉ VÍCTOR MARTÍNEZ GIL - AMORES Y ETERNIDADES.

DE AMORES Y ETERNIDADES.

AMOR.

Adiós murió.

AMOR EFÍMERO.

La besó olvidando que era burbuja de jabón.

APUESTA.

Lanzaron los dados para ver quién amaba más. Quedaron flotando para siempre.

CANCIÓN.

Cuando aquella pareja de sordos se abrazó, temblaron.

DESCUIDO.

Se besaron con más pasión que nunca. Murieron asfixiados.

FUERZA DE LA VERDAD.

Le dijo “te amo” a través del colador. Éste se desintegró.

NUEVO AGUJERO DE OZONO.

Como era un romántico, estiró el brazo para bajarle una estrella, pero no calculó bien la altura.

PERCUSIONES.

Ella le dijo que amaba la música de tambores, y desde entonces el corazón de él redobla.

GATO NEGRO.

Para ella, no importaba que fuera de noche. Lo veía más hermoso que nunca.

LÁGRIMA.

El desolado aullido del lobo transformó la silueta de la luna.

VANIDAD.

El viento abanicó la llama del pavorreal de cera.

LA CARTA ROBADA.

A sabiendas de que no era para él, abrió la enésima carta, con el único objetivo de evitar suicidarse.

NOTICIAS.

Aquél húmedo sobre contenía una carta tan triste, que cuando lo abrió, sólo encontró lágrimas.

POSDATA.

El sobre estaba vacío.

FIDELIDAD.

La vasija se rompió. El agua se mantuvo intacta.

FANTASMAS.

Se besaron como cada mañana, sin darse cuenta de que ya no estaban allí.

FIEL REFLEJO.

Los dos espejos frente a frente vieron su amor infinito.

MARTÍNEZ GIL, José Víctor (México, 1967). Conferenciante, narrador oral escénico, profesor y experto internacional en oralidad y comunicación. Premio Iberoamericano “Chamán”. Arquitecto. Escritor. Ha sido Coordinador General y Director Ejecutivo para España de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), y en la actualidad es el Director Ejecutivo de la CIINOE y de Comunicación, Oralidad y Artes, S. L. (España). Es uno de los más prestigiosos narradores orales contemporáneos. De excepción tanto en la ortodoxia como en la experimentación, en lo dramático que en lo humorístico, con los adultos y jóvenes que con los niños, en lo extenso que en la hiperbrevedad, y desde cualquier fuente. Es el Director Artístico de la Compañía La Aventura de Contar Oralmente y uno de los directores artísticos de la Compañía de la Imaginación (pertenecientes a la CIINOE).

sábado, octubre 18, 2008

ROBERTO ECHETO.

Si quieres ser escritor, debes saber que lo más difícil de alcanzar es un equilibrio entre el desarrollo de una capacidad autocrítica demoledora y la confianza suficiente para firmar y publicar un texto”

Roberto Echeto.

(MICROBIOGRAFÍA EN AUDIO)

Es uno de los representantes de la Nueva Narrativa venezolana.

Caracas, 1970. Licenciado en Letras. Artista plástico. Ganador del Segundo Premio del IV Salón Pirelli de Jóvenes Artistas. Productor de espacios radiales y escritor.

En el año 1997 publicó Cuentos Líquidos su primer volumen de relatos.

En el año 2004 con el apoyo de la Fundación para la Cultura Urbana publica su Breviario Galante: un libro de cuentos donde lo ruin y lo cotidiano se parodian de una manera tan fresca y elegante, que rozan el absurdo y desembocan en humor.

En el año 2006 bajo el sello Alfadil publicó su primera novela: No habrá final.

R.E (audio)No Habrá final, es una novela que parece una novela negra. No es una novela policial porque la novela negra y la policial, a pesar de que se confunden, no son lo mismo. La novela negra está llena de personajes que pertenecen a un mundo fuera de la ley…”

Obra que según el escritor Fedosy Santaella:

“Se trata de un secuestro, donde abunda un humor amargo, hermoso y al mismo tiempo desconcertante.… La trama principal de No habrá final se ramifica en más de veinte sabrosas historias, que sólo pueden acontecerle a los venezolanos de nuestros tiempos...”

Roberto Echeto, es el compilador de la Antología: “Barry White no es el único que sabe de amor” de la Colección Llámalo amor, si quieres.

R.E (audio)

Cuentos que se alejan de los lugares comunes tanto de la cara alegre del amor como de la cara trágica. Nos dice, que los eligió, porque nos recuerdan todo el tiempo que el amor no es para gente débil ni mezquina.

Roberto Echeto es también un apasionado de la crónica, sus escritos se publican semanalmente en la Revista Claro.

RE (audio)

RE (audio)La lectura es la gasolina de la escritura”

Como lector se declara admirador ciego de Adolfo Bioy Casares (La invención de Morel, El sueño de los héroes, La trama celeste) y de Mario Vargas Llosa (La Guerra del fin del mundo y El Elogio de la Madrastra)

Y no duda en recomendarnos leer al grupo de amigos que conforman junto a él las nuevas voces de la narrativa venezolana. Entre ellos a Juan Carlos Méndez Guédez ("Hasta luego, míster Salinger") Juan Carlos Chirinos (Miranda, el nómada sentimental) Héctor Torres (La Huella del Bisonte) Rodrigo Blanco Calderón (Los Invencibles) Enza García Arreaza (Cállate poco a poco)...

Es un venezolano que cree en su país y en las posibilidades de hacer y crecer en todos los ámbitos.

RE (audio)

A los escritores venezolanos les recomienda que practiquen la humildad, que escriban poniendo los seis sentidos en la calamidad histórica que estamos viviendo y que se animen, como él, a tocarle las puertas a las editoriales.

RE (audio)

Esperemos entonces la fuerza, pasión y frescura de las letras de Roberto Echeto en su próximo libro.

Para finalizar este encuentro me hago eco de sus palabras en defensa y promoción del momento luminoso que está viviendo la literatura venezolana. Y al cual todos estamos llamados a participar: adquiriendo las obras, leyéndolas, comentándolas, analizándolas en el aula de clase, creyendo en nuestros autores y en la calidad y trascendencia de nuestras letras.

Entrevista realizada en la Feria del Libro UNICA - Maracaibo- octubre 2008

miércoles, octubre 08, 2008

SYLVIA DE VALMORE MUÑOZ ARTEAGA.

(BAUTIZO DE LA OBRA SYLVIA)

En la VI Feria del Libro UNICA, en Maracaibo, tuve la oportunidad de conocer al poeta Valmore Muñoz Arteaga, un escritor simpático y agradable, con quien pude charlar sobre su más reciente obra: SYLVIA bajo el sello editorial Rojo y Negro.

En el texto de presentación de la obra que puedes leer en este enlace: http://monzantg.blogspot.com/ se plantea: “Sylvia fue escrita con el órgano de la sensualidad. La piel del poeta, su lengua, sus manos, hacen un recorrido en cuarenta cantos. Símbolo que guarda –en silenciosa evidencia– un pacto con el desierto, con la animalidad, con la muerte”

La primera pregunta que le hice al escritor tenía que ver con el erotismo que se desborda en su obra: vivencias, límites, sentires…

“El erotismo de mi obra es el erotismo que vivimos constantemente. El asunto es que, de pronto, ha sido un género menospreciado y por otro lado tachado de pornográfico, de indecente, de inmoral, de cualquier cantidad de cosas. Por ahí siempre ha pasado el erotismo.

Sylvia, se desnuda de esa manera porque son mis lecturas en primer lugar. Hay mucho de vivencias porque uno escribe lo que vive. Son muchas cosas, muchísimas cosas.

Yo, a veces pensaba que era estúpido lo que decían algunos escritores – No, yo me senté a escribir y me dejé llevar – Yo pensaba que eso era estúpido, que eso no pasaba, pero sí ocurre.

Cuando yo me senté a escribir no tenía la menor idea que iba a salir Sylvia o algo parecido, sencillamente empecé a sacar cosas que tenía por dentro. Y bueno, dándole forma al libro terminó siendo un texto erótico, aunque yo no lo veo erótico. Primero porque se requiere de una inteligencia suprema que yo no tengo y se necesita de una delicadeza para expresarse que yo no tengo.

Yo diría que Sylvia es un texto magnicida. Que va a / por los principios morales, tontos, que tiene esta sociedad”

Con el vocablo “magnicida” retumbando en mi mente, me adentré en una obra que atrapa con su sensualidad, con la armonía lujuriosa de sus cantos, con ese susurro que se hace gritos y resonancias de un buscarse en sus laberintos profundos: sintiendo y sintiéndose para vivir o morir en esos brazos que ya no le esperan.

Sylvia no sólo es una obra sensual bellamente escrita. Es también la voz de un poeta universal.

SYLVIA

(Fragmentos)

XXXIX

Ocurre entonces que me pierdo y soy feliz de no encontrarme, de no hallarme entre los folios de esta doble vida, de sólo reconocerme por los giros que hacen tus senos frente al viento, de reconocerme sólo en las palpitaciones quejumbrosas esparcidas por tu cuerpo. Ocurre entonces Sylvia que me he perdido.

XL

Al final sólo queda tu nombre, sólo quedan tu nombre y tu aroma, jadeantes; el enigma de no saber si alguna vez fue posible o si tan sólo eres la vaga impresión del deseo persistiendo irremediablemente en el vértigo de saberte mía y haberte perdido.

jueves, septiembre 25, 2008

POEMA DE PORFIRIO MAMANI MACEDO.

LA PALABRA.

PORFIRIO MAMANI MACEDO.

(Para su hija Alba Ondina Manuela)

I

Nada es efímero, ni el dolor ni el placer.

Corremos de una puerta a un árbol solitario,

de un puente a una gruta que guarda el tiempo.

Cada mirada es un descubrimiento perfecto.

La lluvia es el sol que ocultan ciertas nubes.

Nuestra palabra es un grito irreversible en la nada.

Escribimos un nombre de alguien que no conocemos.

Oramos en el templo desierto del olvido

y soñamos con Dios encadenado a su dolor.

Somos peregrinos sin fe por el desierto

y dormimos sobre la blanca arena mirando el universo.

Para existir, a veces, inventamos un amigo,

le damos un nombre y con su recuerdo

nos perdemos en un bosque de palabras que se mueven.

Decimos que venimos de otro pueblo y nos confunden

con la lágrima que dejaron los que se fueron.

No conservamos nada del silencio que nos procuró

la suerte, el destino que no deseamos tener jamás.

Como aquel oscuro pasado, sobre la hierba cruzamos

para alcanzar el recuerdo que dejaron los otros peregrinos.

En una calle encontramos la sonrisa de un desconocido,

luego nos sentamos en una piedra para ver

las huellas que sobre la hierba quedan,

y también tu rostro que en la penumbra esperando queda,

amigo, hermano, la palabra que nos salve.

II

Entonces, pienso en la palabra que a todos no libera

del miedo, de la sombra que cerca la memoria,

del aire que se filtra por las rendijas del dolor.

Pienso en la palabra que a todos nos libera

del dolor que encontramos en este valle.

Pienso en la palabra que nos nombra un camino,

aquella que nos muestra la ventana, no el olvido.

Pienso en la palabra que me dio un amigo en la frontera,

aquella que abrigó con un pan todo mi destino.

Pienso en la palabra secreta que a todos

nos espera en alguna parte, desnuda y sola.

Pienso en la palabra que pronunciaron otros hombres,

aquella que abrió las puertas del insomnio.

Pienso en la palabra que me dejaste escrita en un árbol

aquella que ya escribieron otras manos en otros muros.

Pienso en la palabra destinada por otros al olvido,

aquella que me nombra, un ruido, una cosa, una imagen.

Pienso en la palabra que separó las aguas del mar,

aquella que atravesó todo un desierto.

Pienso en la palabra que soñamos

en el fondo de una gruta.

Pienso en la primera palabra que pronunciamos

con dolor, por este camino que nos lleva a alguna parte.

Pienso en la palabra que no pronunciaré un día,

aquella que todo lo nombra, que todo lo revela.

Pienso en la palabra que escribí en una carta

a un desconocido.

Pienso en la palabra que mide el tiempo,

aquella que destruye los caminos como las noches.

Pienso también en la palabra que encontré a orillas de un río,

en aquella que me dio un niño en el alba

para cruzar el ancho día.

III

No era la noche sino la luz

No el pasado sino el camino que faltaba recorrer

Eran sus manos agarrándose de una rama

Eran voces que rodaban de sus labios

Era su larga cabellera que jalaba el viento

No era la noche sino sus ojos en la noche como luces

No era una estrella sino una ventana abierta:

era su voz que llamaba en el centro de un bosque y también

el ruido de sus pasos que sobre la arena iba dando.

Yo la esperaba cada tarde

al pie de este roble que sombrea mi cansado cuerpo.

No era la duda sino su voz que cortaba el viento,

su voz que refrescaba todo mi cuerpo en el desierto.

Pero hoy que quiero verla no la veo

y así, hacia una sombra que se mueve en el camino yo me acerco.

Hundo mis pasos en el polvo que ha soplado el viento,

jalo mi cuerpo como se jala una roca del camino.

No era la noche sino la palabra que inventa el día

para que todo fuera diferente en el huerto prohibido,

para que los niños no miraran en sus manos

el hambre,

la sed que corría como un río por los cuerpo de los desgraciados.

Era otra sombra que ya nadie quería recordar,

el rostro que ya nadie quería recordar.

No era la noche sino el viento que bajaba o subía al cielo.

Era ella, la palabra, la voz que creo todo el universo

y todas las cosas que en el universo existen.

Era la piedra que en la piedra se formaba.

Eran los mares que impacientes me esperaban.

Eran las flores que miraban nuestros ojos en los prados.

Eran los manantiales que nacían del vientre de la tierra.

No era la noche sino un camino abierto que todos esperaban.

No era el fuego sino la fuente del reposo

allí donde encontraran los desgraciados

agua para lavar sus miserables rostros

que vivieron como huyendo de la vida de los afortunados,

pues nada les dejaron sino olvido, indiferencia y desprecio.

Era la palabra que todo lo guarda y todo lo recuerda.

viernes, septiembre 19, 2008

POEMA DE JOSÉ GARÉS CRESPO.

VERDAD OCULTA.

VOZ: NILDA SARMIENTO

ESCÚCHALO AQUÍ:

Qué claras maravillas

fuimos, desnudos, rebeldes, amantes

siempre, apenas prójimos

y sin embargo me hablas, me piensas,

me susurras, me besas, me desnudas,

y aun así te amo.

Ambos conocimos

el lento devenir que cambia todo,

la corta raíz del beso hallado,

los inquietos placeres

arbitrarios que van, uno tras otro,

ciegos y desesperados, en busca

de la caricia dormida ayer noche.

Pero en el tránsito nos perdimos,

soñábamos, tal vez

abrazados y solos como cuando

necesito pensar en ti y callo.

La tentación del silencio fingido

y esa mirada perdida allá donde

no estuve ni llegaré de tu mano.

Es la señal, lo sé. Qué lejos somos,

aunque me rozan tus largos cabellos.

Incapaz de otra derrota, mañana

me enamorarás de nuevo. Relájate.

todo es igual y diferente. Nada

quedará. Es nuestra verdad oculta.

miércoles, septiembre 17, 2008

POEMA DE LUIS SEVILLA.

ALGUIEN.

Autor: Luis Sevilla.

Escúchalo aquí:

“Alguien en algún lugar te espera,

sentado en su butaca come palomitas

y bebe rubia cerveza en lata.

Se ducha cada mañana con agua caliente

cuando aún está por despertar

y los sueños soñados se olvidan.

Quiere limpiar tu voz de su piel

cuando todo lo queda tras el jabón

eres tú.

Alguien piensa en ti

sin que sepas que cada hora de su jornada

está deseando salir para tener la libertad

de decirle tu nombre a las rejas

adornadas de flores de la fábrica.

Alguien sabe que no importa que su paseo

hacia su casa lo hace perdido en la desesperanza

de no tenerte;

y aún así alguien piensa en ti

sin que sepas una sola palabra.

Al atardecer abre el frigorífico

y prepara algo de cenar.

Ve programas de risa

esperando que aparezcas por alguna parte.

Una llamada, se dice,

una carta, se dice.

Alguien ve como anochece

en la ciudad de los guijarros sobre el aire,

se pone una copa,

y luego otra

quizá quiera emborracharse para atreverse

a salir de la oscuridad.

A veces se asoma a la ventana a ver como llegas a casa

aún cuando ni siquiera vives en su barrio.

Eso no le importa,

le gusta la idea de esperarte mientras desespera

sin que sepas una sola palabra

de todos los vasos que se van rompiendo,

las noches que despierta en medio de la madrugada

sudando tus manos que no le tocan,

y la recóndita esperanza

de olvidarte un día de estos

sin que sepas

que alguien ya no piensa en ti”.

domingo, junio 22, 2008

DEL POETA FRANZ ORTIZ CASTAÑEDA.

PROVERBIOS PARA ENCENDER UN VERSO.

Ya no eres ni la sombra

somos la sombra con sus cuerdas

caja de resonancia

y su manera de cantar.

No eres el que yo conocí

somos una especie de árboles

sembrados en este polvorín

con piedras en las patas como fuentes.

Y entonces

ilustrando lejuras

pendiente del silencio y sus maneras

provocando placeres simples desde las sombras.

Qué hay de nuevo

las vueltas de la calle

la fiesta y la quejumbre

amordazadas en la soledad de la espera.

Y esa tristeza

pensar la sed es esperar por alguien

sufrir con esos pájaros

le da forma a la revelación.

Fiesta

el agua nos ignora

todos hablamos para el mundo.

En silencio

la grieta poderosa

nada viola su gesto.

Otro tiempo de olor

resucitando espejos

bajo las estaciones de tu aliento.

Tener un templo conviene

Somos demonios también dios.

FRANZ ORTIZ CASTAÑEDA

“Ediciones La Conversa”

BARQUISIMETO, FEBRERO 1988