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sábado, abril 23, 2011

DÍA DEL IDIOMA... LAS PALABRAS DE PEPE TRIVEZ.

OTRA VEZ LAS PALABRAS.

AUTOR: PEPE TRIVEZ

Hay palabras fáciles y palabras difíciles

palabras que sirven para hacer amigos

y palabras que sería mejor no pronunciar jamás. Las palabras son como las personas:

las hay pesadas, ágiles, divertidas,

embarazosas, desagradables, tiernas...

Las hay, que se nos quedan dentro para siempre y no las olvidamos jamás

y hay también las que pasan a nuestro lado y ni siquiera las vemos

como esas palabras que ni oímos.

Las palabras digo,

son como las personas

y por eso,

igual que nadie existe para nosotros

hasta que posamos nuestra mirada en ellos

hasta conocerles...

las palabras no cobran vida hasta que alguien les presta su voz,

las nombra, las dice en susurros

o las recita bajito para adentro.

Las palabras no son todo lo que pueden llegar a ser

hasta que no las escuchamos de una voz amiga,

que nos conoce y nos ama

a quien prestamos atención... Las palabras

pueden ser sermones o clases aburridas,

pueden ser gritos o castigos, pueden ser inútiles y sin sentido... Pero también pueden ser aventuras, sueños, emocionantes historias que nos envuelven, que nos engañan y nos arrastran a mundos de fantasías donde nada es lo que parece y donde siempre encontramos un trocito de nosotros mismos.

¡Benditas sean las palabras!

jueves, agosto 13, 2009

EL LIBRO DEL TESORO.


EL LIBRO DEL TESORO
Radialistas.net

LIBRETO.

NARRADORA Hace muchos años, en un reino pequeño, vivía una señora viuda con su hijo. Cuando creyó que estaba cerca el final de su vida, lo llamó y le dijo:

MADRE Hijo, hemos vivido en dificultades porque somos pobres… pero te voy a hacer un regalo. Toma…

HIJO Es un libro, madre…

MADRE Un libro que me entregó un mago poderoso…

HIJO ¿Y de qué trata, madre?

MADRE En sus páginas están todas las instrucciones para encontrar un gran tesoro. Yo no tuve fuerzas ni tiempo para leerlo, pero ahora te lo doy. Léelo y llegarás a ser rico.

CONTROL MÚSICA DRAMÁTICA.

NARRADORA El hijo, cuando superó la tristeza inmensa por la pérdida de su madre, abrió aquel libro grueso, antiguo y precioso, que comenzaba así:

VOZ Para llegar al tesoro, debes leer página por página. Si saltas y lees el final, el libro desaparecerá por arte de magia y nunca hallarás el tesoro.

HIJO Comencemos, entonces, por la primera página… “A veces, pensamos que la riqueza se puede comprar. Pensamos que la riqueza tiene peso y medida, que se puede contar como se cuentan las monedas…”

NARRADORA El joven empezó a leer con entusiasmo el libro, pero a las pocas páginas, el texto continuaba en lengua árabe.

HIJO Estas letras extrañas… Ya sé, tengo un amigo que sabe árabe… Le diré que me traduzca… No, no, no… ¿Y si él descubre el tesoro primero que yo?... Mejor, aprendo árabe y leo las instrucciones del libro…

CONTROL MÚSICA ÁRABE.

NARRADORA El joven estudió árabe hasta que pudo leer sin problemas el texto…

HIJO Ahora sí… Veamos qué dice: “¿En qué cofre se guarda la riqueza? ¿En qué joyero podrás encontrar la mayor de las fortunas? Sigue leyendo y te lo diré…”

NARRADORA Pero al pasar la página, el muchacho advirtió con sorpresa que el libro continuaba en inglés.

HIJO ¿Inglés? Yo sé algo, pero tendré que estudiar…

NARRADORA Y después en francés… Y después en quechua… Y después en chino…

HIJO Caramba… Este es el libro más difícil del mundo…

NARRADORA Armado de paciencia, el joven estudió cada idioma. Y como todavía no acababa el libro que le había regalado su madre, aprovechó el conocimiento de varias lenguas y empezó a ser conocido como el mejor intérprete de su ciudad.

HIJO Veamos qué más dice el libro. “Antes de alcanzar el tesoro, tienes que capacitarte para saber administrarlo. De lo contrario, dilapidarías tu fortuna.”

NARRADORA Con decisión, el joven estudió economía y comercio para que no lo engañaran cuando tuviera el tesoro. Y su fama llegó hasta el Rey…

REY ¿Dónde está ese muchacho que sabe tanto? Lo nombraré administrador general del reino. No he conocido a nadie tan preparado como él.

EFECTO CIERRA LIBRO.

NARRADORA Y así, el joven llegó a la última página del libro donde estaba escrito en todas las lenguas:

El tesoro está dentro de ti. La riqueza más grande es el conocimiento.

BIBLIOGRAFÍA:

http://desayunocontinental.blog.terra.com.ar/el_libro_del_tesoro

domingo, abril 26, 2009

Día del idioma - La palabra.

La palabra.

(Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos)

Pablo Neruda De Confieso que he vivido.

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Confieso que he vivido. Pablo Neruda

Voz Nilda Sarmiento.

jueves, abril 23, 2009

DÍA DEL LIBRO.

SEMILLAS DE PAPEL Quien lee muchos libros, vive muchas vidas en una sola.


SEMILLAS DE PAPEL
Radialistas.net

LIBRETO.

CONTROL MÚSICA SUGESTIVA.

LOCUTORA Un libro se hace a partir de un árbol.

LOCUTOR Las páginas de un libro se llaman hojas, como las del árbol.

LOCUTORA Igual que la clorofila atrapa la luz del sol y la fija, también los libros tienen un pigmento, la tinta, que captura las ideas de quien escribe e ilumina la mente de quien lee.

EFECTO PASANDO PÁGINAS DE LIBRO.

CERVANTES (CON ECO) “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero...“

LOCUTORA El escritor se llamaba Miguel de Cervantes. Y escribió su novela de caballería con la única mano útil que le quedaba después de la famosa batalla de Lepanto.

LOCUTOR Han pasado siglos, y todavía nos reímos con las ocurrencias de Sancho Panza. Y nos emocionamos con los amores de Dulcinea. Y nos vemos reflejados en las locas aventuras del Quijote.

CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN.

LOCUTOR Libros de ayer y libros de hoy...

JUANA Harry Potter y la piedra filosofal... Harry Potter y el cáliz de fuego... Harry Potter y las reliquias de la muerte...

LOCUTORA Se llama Joanne Rowling y es la autora del popular Harry Potter, el niño con poderes mágicos. Lo escribió en los cafés de Edimburgo, mientras cuidaba a su hijita, porque no tenía otro sitio donde dar rienda suelta a su imaginación.

LOCUTOR Dicen que las jóvenes generaciones leen poco o nada. Pero Joanne Rowling ha logrado entusiasmar y hacer leer a millones de niñas y niños en el mundo con sus libros rebosantes de fantasía.

CONTROL MÚSICA SUGESTIVA.

LOCUTORA La escritura es el mayor de los inventos humanos. Un invento que une a personas que nunca se conocieron, habitantes de tiempos remotos y de países lejanos.

CERVANTES Quien escribe un libro vive para siempre. Y quien lee muchos libros, vive muchas vidas en una sola.

LOCUTORA Sin libros, la historia humana sería un círculo, un eterno retorno, siempre comenzando y dependiendo de la voz que se lleva el viento, de la memoria que falla.

LOCUTOR Fue la escritura la que facilitó el avance de la ciencia y la cultura, la acumulación de los conocimientos.

LOCUTORA Como los relevos que se pasan los corredores de mano en mano, los libros nos permiten aprovechar la sabiduría de nuestros antepasados, crear un cerebro colectivo.

CONTROL MÚSICA SUGESTIVA.

LOCUTOR Los libros son como semillas. Semillas de papel. Pueden estar durmiendo en una biblioteca o escondidos en un rincón de tu casa. Y de repente, los abres, los lees, y germinan en ti. Echan raíces en tu espíritu y ponen flores en tu corazón.

miércoles, abril 15, 2009

¿Y usted por qué escribe?

LA SOLEDAD COMUNICANTE.

Por: MARIO BENEDETTI.

Hace unos años, al responder a una encuesta que preguntaba: “¿Por qué escribe”? (Liberation, París, mayo 1985), Lawrence Durrell se limitó a burlarse: “A pregunta idiota, respuesta idiota: escribo para vigilarme”. No sé si la pregunta era idiota o sagaz, pero lo cierto es que respondimos a ella 400 escritores de 80 países en 28 lenguas. La interrogante era también una doble tentación: desarrollar la respuesta en profundidad o responder con una frase ingeniosa o que pretendiera serlo. Por supuesto, hubo quienes se inclinaron por esta opción, por ejemplo, José Donoso (“escribo para saber por qué escribo”), Enrique Lihn (“escribo porque escribo”), Álvaro Mutis (“escribo por asco de mí mismo y del mundo”), García Márquez (“para que mis amigos me quieran más”, que casi se repite en la respuesta de Bryce Echenique: “Escribo para que me quieran más”), Juan Goytisolo (“si lo supiera, no escribiría”), Philippe Soupault (“porque me divierte”), Leonardo Sciascia (“porque me gusta”), Françoise Sagan (“porque adoro eso”).

Otros respondieron con más realismo y tal vez con lacónica sinceridad: Mary McCarthy (“porque sé cómo hacerlo”), Carlos Fuentes (“porque es una de las raras cosas que sé hacer”), Günter Grass (“porque no puedo hacer otra cosa”), Graham Greene y también Fred Uhlmann (“por necesidad”), Danilo Kis (“para sobrevivir”), Samuel Beckett (“porque sólo sirvo para eso”).

Hay, por último, unos cuantos que, ya que son literatos, al responder hacen literatura. Algunos ejemplos: Rachid Boudjedra (“escribo para no tener frío”), Roberto Juarroz (“porque la poesía es la conjunción más profunda del azar y el destino”), Ricardo Piglia (“porque la poesía es la forma privada de la utopía”), Osvaldo Soriano (“para compartir la soledad”), García Hortelano (“porque no soporto el vacío que es un día sin escribir), Adonis (“para hacer eco a aquello que Dios ha dicho y no ha escrito”), Jan Erik Vold (“porque si no lo hiciera, faltaría una voz”), Roa Bastos (para evitar que “al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida”), Doris Lessing (“porque soy un animal escribiente”).

Podría decirse que todas las contestaciones caben en un espacio limitado por dos respuestas (dos polos) muy anteriores a esa encuesta: Henri Michaux (“escribo para que lo real se vuelva inofensivo”) y William Faulkner (“escribo para ganarme la vida”). Sin embargo, no hay ninguna de las 400 respuestas (salvo, quizá, la de Osvaldo Soriano) que ponga sobre el tapete tanta verdad como un artículo titulado precisamente ¿Por qué se escribe?, que en 1933 publicó María Zambrano en la Revista de Occidente y que luego incluyó en Hacia un saber del alma: “Escribir es defender la soledad en que se está, es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente por la lejanía de toda cosa concreta, se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas”. Aislamiento efectivo, pero comunicable. Ahora sí se entiende mejor la respuesta de Soriano: “Escribo para compartir la soledad”.

Por la mente del escritor desfilan verdaderas series o escalas orales, tan informales como irresponsables, pero en el filtro riguroso de la soledad, y a fin de transformarse en palabra escrita, asumen su responsabilidad y también su forma particular, única. Escribir es una manera de organizar el habla, el caos del habla, y, en definitiva, es un intento, casi siempre vano, de organizar el mundo, así sea el reducido y propio. Más adelante agrega María Zambrano algo que conduce a otro nivel del acto de escribir: “El escritor sale de su soledad a comunicar el secreto”. Ahora bien, ¿en qué consiste ese secreto? ¿Y por qué lo comunica en vez de guardarlo celosamente para sí? ¿No será que el secreto es nada menos que la originalidad? Un sustantivo que nunca había colindado con un adjetivo cualquiera; el hallazgo de una sola palabra que transforma un lugar común en un lugar extraordinario; la novedad de una sensación, o mejor aún, la manera nueva de decir una sensación trillada; un matiz inédito en el tembladeral de las relaciones humanas; la vislumbre desconocida de una pasión conocida; la mera invención de una palabra, etcétera, son franjas del azar, pero asimismo de la educación de ese azar. Es difícil que el azar comparezca cuando no se empieza por abrirle el camino. La inspiración cayó en desuso, pero el azar o el secreto de crear o la originalidad germinan mejor en tierras fértiles.

El impulso que lleva al escritor a revelar ese secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras un descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que pueden quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público. Si Nietzsche decía (Zambrano lo menciona) que “las cosas son los límites del hombre”, Rubén Darío, en cambio, en su Coloquio de los centauros hace que Quirós (varios décadas antes que el centauro Robbe-Grillet) sugiera: “Las cosas tienen un ser vital”. Es claro que las cosas logran ese ser vital sólo cuando el poeta lo descubre en ellas. Sin la mirada del poeta las cosas son inertes o, si se mueven, como las máquinas, no son conscientes de su movilidad. O sea, que cuando las cosas, gracias al poeta, asumen su ser vital, abandonan su condición inerte y pasan a ser imágenes, metáforas, símbolos y, en consecuencia, dejan de ser límites para el hombre.

Semejante operación no justifica ninguna vanidad. El poeta lleva a cabo ese proceso a través de las palabras, pero otros miembros de la comunidad, digamos el agricultor, el constructor, el artesano, realizan faenas igualmente reveladoras con sus instrumentos y sus manos, a pesar de que no haya encuestas que pregunten: “¿Por qué abres un surco?, ¿porqué levantas paredes?, ¿por qué moldeas esa vasija?”. El Homo faber y el Homo ludens no sólo se complementan, sino que se influyen recíprocamente. Uno de los escritores convocados por Liberation, el portugués Antonio Lobo Antunes, respondió: “Escribo porque no sé bailar como Fred Astaire”, y esto, que parece (y quizá sea) una broma, un modo de eludir la indagación, también incluye su viruta de verdad. En la escritura cabe el mundo. “Escribo”, respondió Onetti, “porque es un acto amoroso que me da placer”. Comencé a escribir”, responde, por su parte, un bienhumorado Vázquez Montalbán, “porque quería ser grande, rico y hermoso”. Y esto, a pesar de su talante, tampoco es mera broma, porque en la escritura cabe, asimismo, el mito, no sólo el que apunta a la figura admirada, sino también al mito modesto, casi privado: la quimera propia, vocacional. Vázquez Montalbán la ribetea de humor, pero ¿quién no tiene una personal quimera? Aunque el tríptico de adjetivos no sea el mismo, claro.

Puedo entender a Severo Sarduy cuando confiesa, como razón de su escritura: “No soporto el vacío”, y, en cambio, me cuesta creer a Milan Kundera cuando limita su escritura al “placer de contradecir”, a “la felicidad de estar solo contra todos”, y no lo creo, porque si bien ese placer de contradecir está presente en sus declaraciones políticas, disidentes, en su obra literaria, en cambio, tiene más importancia el placer de decir. Por otra parte, ese alarde casi romántico de “estar solo contra todos” se inscribe más bien en la tradición de Drieu la Rochelle, para quien la necesaria misión del intelectual era “estar donde no está la muchedumbre. Delante, detrás o al costado, poco importa, pero estar en otra parte”. Curiosamente, esa obsesión lo metió de cabeza, primero en el fascismo, luego en el colaboracionismo con la ocupación alemana, y finalmente en el suicidio, que al fin fue su modo personal de “estar en otra parte”. ¿Será que a veces el escritor cree haber sorprendido un secreto y, en cambio, sólo ha descubierto (y adoptado) un oprobio que flotaba en el aire? Y entonces, cuando decide: hacer público el presunto secreto, no cae en la cuenta de que está comunicando una ignominia. Después de todo, en el sutil entramado de los malentendidos culturales hay dos que aparecen y reaparecen sin que nadie los convoque. El primero es que el escritor está instalado en su sociedad, y en ella, rodeado y traspasado por ella, escribe; el segundo es que está instalado en su soledad, y en ella, sólo para ella y sin contagiarse del contorno, escribe. De ahí que me parezca tan penetrante y verdadero el hallazgo necesario de María Zambrano cuando dice: “Aislamiento comunicable”, asombrosa contigüidad de aparentes contrarios que, a su vez, ella capta como secreto y no vacila en comunicar. (A los bienaventurados que nombra Serrat quizá podría agregarse esta variante: bien aventurados los poetas, porque dicen su secreto a voces”.)

Por más que un escritor viva sumergido en lo emergente de su. Medio social (“vivir en una sociedad y no depender de ella es imposible”, decía, con perdón, Vladimir Ilich Ulianof, también llamado Lenin, allá por 1905), tras sus balsámicos o incitantes baños de mundo deberá instalarse en su parcela de soledad, poniendo sus palabras a buen recaudo; pero si verdaderamente quiere que esas palabras, como propone el portugués Vergilio Ferreira, “creen el espacio habitable de su necesidad”, una vez que la soledad le ha ayudado a moldear su secreto, su don de sí mismo, su santiamén insólito, aquella misma necesidad ampliará ese espacio habitable para introducir en él al prójimo, al contorno, a la región, al mundo. Pura ósmosis. El mundo es materia prima de cada soledad; la suma de soledades es la savia del mundo.

“No sé escribir porque no sé ser”, masita otro portugués, Fernando Pessoa, en una de las páginas más desoladas de su Livro de desasosegó, y agrega: “No consigo reanudarme”. Afortunadamente, el libro tiene 250 páginas más, y digo afortunadamente, porque pienso que, en ese contexto, reanudarse es seguir transmitiendo la soledad, pero es también merecer la soledad del prójimo. Y esto no significa, como proponía Walter Benjamin, que el intelectual no pueda ver el cambio social sino desde la perspectiva de su soledad. ¿Acaso la sociedad no es factor, médula y sustancia de la soledad’? ¿Qué es, después de todo, la soledad sino un homenaje al prójimo?

(1987).

miércoles, febrero 18, 2009

EL FUEGO Y LA PALABRA.

EL FUEGO Y LA PALABRA Radialistas.net

LOCUTOR Y LOCUTORA Griego, ruso, aymara, mandarín, español, húngaro, bengalí, zulú, francés, portugués, japonés, alemán, coreano, inglés, vietnamita, tamil, turco, euskera, quechua, pular, creole, bambara...

LOCUTORA Son 6,700 los idiomas que se hablan en el mundo.

LOCUTOR Estos idiomas, como riachuelos desparramados, provienen de ríos mayores.

LOCUTORA Y esos ríos vienen de otros más caudalosos. Remontando la corriente, llegaríamos al origen de las lenguas, a la fuente original de la palabra humana.

CONTROL MÚSICA SUGESTIVA.

LOCUTOR El camino fue largo y tortuoso. Los primeros homínidos, nacidos en África, se comunicaban con gestos y gruñidos, como sus primos los chimpancés y gorilas.

LOCUTORA Según iba descendiendo la laringe y se desarrollaban las cuerdas vocales, aquellos antepasados nuestros iban articulando las primeras palabras…

EFECTO HOGUERA Y SONIDOS INCOMPRENSIBLES.

LOCUTOR Hace medio millón de años, lograron domesticar el fuego.

LOCUTORA Las primeras hogueras sirvieron para calentar las cuevas y dormir abrigadamente.

LOCUTOR Sirvieron para alejar a los animales feroces y comer la carne de manera más sabrosa.

LOCUTORA El fuego tuvo también una influencia decisiva sobre el lenguaje humano...

MUJER (CON LA BOCA LLENA) Come… come más…

HOMBRE No quiero... la carne dura… bisonte viejo…

MUJER Come semillas... Están buenas...

LOCUTOR La hoguera se convirtió en el punto mágico de reunión, el centro de la vida social.

EFECTO GRILLOS Y HOGUERA.

MUJER Ayyy...

HOMBRE ¿Qué pasa?

MUJER (RIÉNDOSE) Este niño me mordió una teta... (RISAS DE TODAS)

LOCUTOR Las palabras todavía eran simples, las frases poco elaboradas. Pero podían conversar sobre las peripecias del día.

LOCUTORA Las mujeres perfeccionaron el primer idioma del mundo.

LOCUTOR Mientras los varones regresaban de largas cacerías silenciosas por el bosque...

LOCUTORA … ellas recolectaban frutas y bayas cerca de la cueva, prendían el fuego, conversaban para organizar la vida y administrar el alimento.

LOCUTOR En la cacería, los hombres utilizaban señales no verbales y, a menudo, se sentaban callados a observar su presa durante horas.

LOCUTORA Las mujeres cargaban los hijos y los amamantaban. Al tener las manos ocupadas, desarrollaron el lenguaje verbal.

LOCUTOR Junto al fuego, reunido el clan, las mujeres pulieron el mejor de los instrumentos humanos, la palabra.

CONTROL MÚSICA SUGESTIVA.

MUJER Fuimos las madres las que enseñamos a hablar a nuestros hijos e hijas. Fuimos nosotras las que ampliamos el vocabulario de nuestros callados compañeros.

LOCUTOR La palabra es hija de la mujer. Del fuego y de la mujer.

LOCUTORA Tal vez por eso los idiomas se conocen como “lenguas maternas".

jueves, septiembre 25, 2008

POEMA DE PORFIRIO MAMANI MACEDO.

LA PALABRA.

PORFIRIO MAMANI MACEDO.

(Para su hija Alba Ondina Manuela)

I

Nada es efímero, ni el dolor ni el placer.

Corremos de una puerta a un árbol solitario,

de un puente a una gruta que guarda el tiempo.

Cada mirada es un descubrimiento perfecto.

La lluvia es el sol que ocultan ciertas nubes.

Nuestra palabra es un grito irreversible en la nada.

Escribimos un nombre de alguien que no conocemos.

Oramos en el templo desierto del olvido

y soñamos con Dios encadenado a su dolor.

Somos peregrinos sin fe por el desierto

y dormimos sobre la blanca arena mirando el universo.

Para existir, a veces, inventamos un amigo,

le damos un nombre y con su recuerdo

nos perdemos en un bosque de palabras que se mueven.

Decimos que venimos de otro pueblo y nos confunden

con la lágrima que dejaron los que se fueron.

No conservamos nada del silencio que nos procuró

la suerte, el destino que no deseamos tener jamás.

Como aquel oscuro pasado, sobre la hierba cruzamos

para alcanzar el recuerdo que dejaron los otros peregrinos.

En una calle encontramos la sonrisa de un desconocido,

luego nos sentamos en una piedra para ver

las huellas que sobre la hierba quedan,

y también tu rostro que en la penumbra esperando queda,

amigo, hermano, la palabra que nos salve.

II

Entonces, pienso en la palabra que a todos no libera

del miedo, de la sombra que cerca la memoria,

del aire que se filtra por las rendijas del dolor.

Pienso en la palabra que a todos nos libera

del dolor que encontramos en este valle.

Pienso en la palabra que nos nombra un camino,

aquella que nos muestra la ventana, no el olvido.

Pienso en la palabra que me dio un amigo en la frontera,

aquella que abrigó con un pan todo mi destino.

Pienso en la palabra secreta que a todos

nos espera en alguna parte, desnuda y sola.

Pienso en la palabra que pronunciaron otros hombres,

aquella que abrió las puertas del insomnio.

Pienso en la palabra que me dejaste escrita en un árbol

aquella que ya escribieron otras manos en otros muros.

Pienso en la palabra destinada por otros al olvido,

aquella que me nombra, un ruido, una cosa, una imagen.

Pienso en la palabra que separó las aguas del mar,

aquella que atravesó todo un desierto.

Pienso en la palabra que soñamos

en el fondo de una gruta.

Pienso en la primera palabra que pronunciamos

con dolor, por este camino que nos lleva a alguna parte.

Pienso en la palabra que no pronunciaré un día,

aquella que todo lo nombra, que todo lo revela.

Pienso en la palabra que escribí en una carta

a un desconocido.

Pienso en la palabra que mide el tiempo,

aquella que destruye los caminos como las noches.

Pienso también en la palabra que encontré a orillas de un río,

en aquella que me dio un niño en el alba

para cruzar el ancho día.

III

No era la noche sino la luz

No el pasado sino el camino que faltaba recorrer

Eran sus manos agarrándose de una rama

Eran voces que rodaban de sus labios

Era su larga cabellera que jalaba el viento

No era la noche sino sus ojos en la noche como luces

No era una estrella sino una ventana abierta:

era su voz que llamaba en el centro de un bosque y también

el ruido de sus pasos que sobre la arena iba dando.

Yo la esperaba cada tarde

al pie de este roble que sombrea mi cansado cuerpo.

No era la duda sino su voz que cortaba el viento,

su voz que refrescaba todo mi cuerpo en el desierto.

Pero hoy que quiero verla no la veo

y así, hacia una sombra que se mueve en el camino yo me acerco.

Hundo mis pasos en el polvo que ha soplado el viento,

jalo mi cuerpo como se jala una roca del camino.

No era la noche sino la palabra que inventa el día

para que todo fuera diferente en el huerto prohibido,

para que los niños no miraran en sus manos

el hambre,

la sed que corría como un río por los cuerpo de los desgraciados.

Era otra sombra que ya nadie quería recordar,

el rostro que ya nadie quería recordar.

No era la noche sino el viento que bajaba o subía al cielo.

Era ella, la palabra, la voz que creo todo el universo

y todas las cosas que en el universo existen.

Era la piedra que en la piedra se formaba.

Eran los mares que impacientes me esperaban.

Eran las flores que miraban nuestros ojos en los prados.

Eran los manantiales que nacían del vientre de la tierra.

No era la noche sino un camino abierto que todos esperaban.

No era el fuego sino la fuente del reposo

allí donde encontraran los desgraciados

agua para lavar sus miserables rostros

que vivieron como huyendo de la vida de los afortunados,

pues nada les dejaron sino olvido, indiferencia y desprecio.

Era la palabra que todo lo guarda y todo lo recuerda.