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domingo, enero 13, 2008

EL ADIÓS DE ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN.

Adriano González León (1931- 2008).
El sábado 12 de enero de 2008 en la tarde terminó una de las más productivas y distinguidas vidas de las letras venezolanos, cuando de un infarto murió Adriano González León.
Nacido en Valera en 1931, González acababa de ver la edición en su país de su novela de 1994 Viejo, en octubre de 2007, un libro que recibió elogios incluso de Gabriel García Márquez, quien dijo que era “la novela que yo hubiera querido escribir.”
González León fue corresponsal en la zona andina de El Nacional a los 15 años. Fue profesor de Literatura en la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó de abogado, y en 1955 fundó el grupo Sardio, que editó una revista del mismo nombre que difundía escritores de todo origen y de gran compromiso político. Además colaboró con revistas como Letra Roja y El Techo De La Ballena. El Nacional también le dio el premio del Concurso Anual de Cuentos de 1956 por El Lago.
Sus primeras incursiones en la literatura fue como cuentista, con las obras Las Hogueras Más Altas (1959), Asfalto-Infierno (1963) y Hombre Que Daba Sed (1967), donde describía ambientes urbanos y campesinos sombríos y dramáticos. Su punto más alto fue en 1968 cuando obtuvo el Premio Biblioteca Breve de Barcelona, España, por su novela País Portátil, una novela desarrollada entre el ambiente campesino de Trujillo y el urbanismo de Caracas.
Siempre de letra fácil, y nunca escondió sus creencias de izquierda. En entrevista publicada en la edición aniversario de El Nacional, donde también tenía una columna todos los jueves, González León dijo que vivía su venezolanidad con mucha angustia. Nunca escondió sus creencias de izquierda dijo:
“Para mí es inconcebible que muchos compañeros con quienes construimos una idea de la izquierda venezolana hoy estén tan confusos y no hayan aprendido la lección brutal del fascismo, el nazismo, el gran engaño del estalinismo y, sobre todo, la construcción artificial de esas repúblicas socialistas, que no fueron sino países espantosamente sometidos y vejados.”

También era dueño de un particular sentido del humor. En la última entrevista que se publicó en este diario, el 3 de octubre de 2007, afirmó:
“Aunque nunca podré ganarme un apelativo tan noble como el de ‘El manco de Lepanto’, creo que sí llegaré a ser llamado `El cojo del Alto Escuque’”.
HUESO DE MIS HUESOS. (FRAGMENTO).
" Sólo hay un presente que puede proseguirse: el día inexistente, el que no malgastamos día a día, esa hora lujosamente imaginada contra la cual no pueden gigantes ni quimeras ni endriagos ni huracanes. Por ello, corren arroyos sin decirlo, apenas tendidos entre el verde y las nubes que han copiado. Jamás enturbiaré los manantiales para decir que moriré de sed por ti. No es esa buena pista. Porque tú no intervienes. Quiero jugar a prueba tu crueldad. Basta que consideres en qué estado me has puesto por no saber que existo. Este amor lamentoso vive porque no ha nacido en ti, porque no sabes que desfallezco y caigo y prefiero canciones y tormentos por tu desdén que es un desdén que amo. "
País portátil (fragmento).
“Perderse después en las sombras del fondo, donde la pared estaba abombada y se decía que había escondido un tesoro, perderse así con su sombra que era tan delgada porque era sombra de huesos, con sus viejas pantuflas de pana que no sonaban y parecía que anduviera por el aire. Perderse así era meterse con los muertos o qué sé yo y se podía pensar que andaba buscando su tesoro. "
De entrevistas.
"El idioma es por sí solo un contenido. Es una anécdota y una verdad" "Es difícil hacer sonoros los olores y visibles las esencias" "Los latinoamericanos vivimos en un gran país que va de los Pirineos a la Tierra del Fuego"
Nunca en mi vida pensé que yo tenía que hacer una escritura exclusivamente realista y exclusivamente social. Lo importante para mí eran las imágenes, la emoción: la escritura que de pronto venía como una nube no como una sugerencia o como un sueño o como el ruido de la máquina de mi tía, la máquina de coser en el cuarto de la costura donde comenzaban a saltar los duendes y las princesas. Creo que eso es lo que le he hecho y que lo he repetido después de mis años de colegial, de liceísta, con las muchachas que eran bellas e imperturbables y que nunca en la vida me dijeron que sí. Yo me sentía muy triste en las noches de cine pensando en ellas y sin saber que me atraparían, yo no sé qué se hicieron. Y que afortunadamente no me quisieron para yo poderme sentir triste (Risas), y hacer lo que hice. Después, ya era otra cosa, otra organización y yo creo que ahorita es otra organización. ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN,UN PORVENIR DE ESPEJOS.