miércoles, junio 18, 2008

Dudas: parecer (se).

Parecer (se).

1. Verbo irregular: se conjuga como agradecer.

2. En forma no pronominal, parecer se conjuga en todas las personas cuando significa ‘tener determinada apariencia, o dar la impresión de ser o estar de una determinada manera’. En este caso el complemento de parecer puede ser, bien un sustantivo, un pronombre o un adjetivo, bien un infinitivo:

«Ya te dije antes que pareces un jipi» (SchzDragó Camino [Esp. 1990])

«Eran dos jovencitas que sin ser hermanas lo parecían» (Velasco Regina [Méx. 1987])

«Las nubes parecían muy bajas» (Souza Mentira [Perú 1998])

«Todas las madejas parecían enredarse en una sola» (Rovinski Herencia [C. Rica 1993]).

Puede llevar, además, un complemento indirecto:

«Tus textos me parecen buenos» (Santos Pez [P. Rico 1996]).

Cuando parecer se construye con una oración subordinada sustantiva introducida por que, como si o como que, se conjuga siempre en tercera persona del singular y significa ‘dar la impresión de ser cierto lo que expresa la oración subordinada’:

«Parece que todo se ha resuelto bien» (Morales Verdad [EE. UU. 1979])

«Parece como si te desagradara mi presencia» (Omar Hoy [Esp. 1989])

«Parece como que no me creyeras» (Delibes Mario [Esp. 1966]).

También en este caso puede llevar un complemento indirecto:

«Me parece que ya es demasiado tarde» (Dolina Ángel [Arg. 1993]).

Cuando se usa con complemento indirecto, el verbo parecer denota opinión, en lugar de mera percepción. La oración subordinada nunca va introducida por de que: «Parece de que ahí todo es imposible» (País [Ur.] 4.10.01).

No deben cruzarse ambas estructuras, la de verbo con variación de persona seguido de infinitivo (Pareces trabajar mucho; Parecéis trabajar mucho) y la de verbo inmovilizado en tercera persona del singular, seguido de una subordinada sustantiva (Parece que trabajas mucho; Parece que trabajáis mucho); por lo tanto, son incorrectas las oraciones con variación de persona en el verbo parecer y una oración subordinada sustantiva:

«El sol y el viento parecen que fabrican el día alegre» (Abc [Esp.] 20.9.96); debió decirse parece que fabrican o parecen fabricar.

3. En forma pronominal significa ‘asemejarse’ y se emplea, bien con sujeto plural o coordinado, en construcción recíproca, bien con un complemento precedido de a:

«Fernando y Dioni se parecen mucho» (SchzDragó Camino [Esp. 1990])

«La casa se parecía a las que había visto en las ilustraciones de los cuentos» (Aldecoa Mujeres [Esp. 1994]).

4. Aunque se conserva en la lengua popular, hoy se siente como anticuado en la lengua culta, y debe evitarse, el uso de parecer (se) con el sentido de ‘aparecer (se) o dejarse ver en un lugar’: «Más de la mitad de los días no parecía por allí» (PValdés Novela [Esp. 1921]).

Consulta aquí el Diccionario Panhispánico de Dudas.

martes, junio 17, 2008

Dudas: o sea.

O sea.

La locución o sea equivale a es decir y sirve para introducir una explicación o precisión sobre lo que se acaba de expresar, o la consecuencia que se deriva de ello:

«Al día siguiente, o sea el lunes, me presenté [...] en la embajada polaca» (Piglia Respiración [Arg. 1980])

«Ya no creo que vuelva, o sea que nos podemos vestir» (ASantos Vis [Esp. 1992]).

No es correcta su escritura en una sola palabra:

«Flotan en tiempo de réquiem, osea, en cámara lenta» (Nacional [Ven.] 11.4.97).

Se trata de una locución fija y, por tanto, invariable en el español actual, por lo que conviene evitar el uso concordado cuando lo que sigue a ser es un sustantivo plural:

«La épica travesía dura setenta días, o sean mil seiscient[a]s ochenta horas» (Tibón Aventuras [Méx. 1986]).

La variante o séase, usada a veces en el habla popular, debe evitarse en la lengua culta:

«Y también a los hijos de los hijos de los hijos. O séase los biznietos» (MtnSantos Tiempo [Esp. 1961]).

No es obligatorio escribir coma detrás de esta locución, aunque es lo normal cuando introduce una explicación o paráfrasis del elemento precedente; por el contrario, si lo que introduce es una consecuencia, no suele ir seguida de coma.

Consulta aquí el Diccionario Panhispánico de Dudas.

lunes, junio 16, 2008

Dudas: prejuicio - perjuicio

Prejuicio.

‘Juicio previo o idea preconcebida, por lo general desfavorable’:

«Examínalo todo sin prejuicios y aprende lo bueno de todo» (Cuauhtémoc Grito [Méx. 1992]). No debe confundirse con perjuicio.

Perjuicio.

‘Daño o detrimento’:

«Cuanto existe en la naturaleza puede ser motivo de beneficio o perjuicio para el hombre» (Velasco Regina [Méx. 1987]).

No debe confundirse con prejuicio; así, debe decirse daños y perjuicios, no daños y prejuicios.

miércoles, junio 11, 2008

Eugenio Montejo. Poemas.

Amantes.

Se amaban.

No estaban solos en la tierra;

tenían la noche, sus vísperas azules,

sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban

como dos pétalos no abiertos en el fondo

de alguna flor del aire.

Se amaban.

No estaban solos a la orilla

de su primera noche.

Y era la tierra la que se amaba en ellos,

el oro nocturno de sus vueltas,

la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes.

No iban a separarse.

Desnudos, asombrados,

sus cuerpos se tendían

como hileras de luces en un largo aeropuerto

donde algo iba a llegar desde muy lejos,

no demasiado tarde.

Dura menos un hombre que una vela.

Dura menos un hombre que una vela

pero la tierra prefiere su lumbre

para seguir el paso de los astros.

Dura menos que un árbol,

que una piedra,

se anochece ante el viento más leve,

con un soplo se apaga.

Dura menos un pájaro,

que un pez fuera del agua,

casi no tiene tiempo de nacer,

da unas vueltas al sol y se borra

entre las sombras de las horas

hasta que sus huesos en el polvo

se mezclan con el viento,

y sin embargo, cuando parte

siempre deja la tierra más clara.

Canción.

Cada cuerpo con su deseo

y el mar al frente.

Cada lecho con su naufragio

y los barcos al horizonte.

Estoy cantando la vieja canción

que no tiene palabras.

Cada cuerpo junto a otro cuerpo,

cada espejo temblando en la sombra

y las nubes errantes.

Estoy tocando la antigua guitarra

con que los amantes se duermen.

Cada ventana en sus helechos,

cada cuerpo desnudo en su noche

y el mar al fondo, inalcanzable.

Orfeo.

Orfeo, lo que de él queda (si queda),

lo que aún puede cantar en la tierra,

¿a qué piedra, a cuál animal enternece?

Orfeo en la noche, en esta noche

(su lira, su grabador, su cassette),

¿para quién mira, ausculta las estrellas?

Orfeo, lo que en él sueña (si sueña),

la palabra de tanto destino,

¿quién la recibe ahora de rodillas?

Solo, con su perfil en mármol, pasa

por entre siglos tronchado y derruido

bajo la estatua rota de una fábula.

Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta,

a todas las puertas. Aquí se queda,

aquí planta su casa y paga su condena

porque nosotros somos el Infierno.

La poesía.

La poesía cruza la tierra sola,

apoya su voz en el dolor del mundo

y nada pide

ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;

tiene la llave de la puerta.

Al entrar siempre se detiene a mirarnos.

Después abre su mano y nos entrega

una flor o un guijarro, algo secreto,

pero tan intenso que el corazón palpita

demasiado veloz. Y despertamos.

Escritura.

Alguna vez escribiré con piedras,

midiendo cada una de mis frases

por su peso, volumen, movimiento.

Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,

la desnudez solar del sentimiento

tatuando en lo profundo de las rocas

su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros

mi nombre, la historia de mi casa

y la memoria de aquel río

que va pasando siempre y se demora

entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto

en arcos, puentes, dólmenes, columnas,

frente a la soledad del horizonte,

como un mapa que se abra ante los ojos

de los viajeros que no regresan nunca.

Adiós al siglo XX.

A:

Alvaro Mutis.

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;

ando por una orilla de este siglo,

despacio, insomne, caviloso,

espía ad honorem de algún reino gótico,

recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros

tatuados de rumor infinito.

La línea de Mondrian frente a mis ojos

va cortando la noche en sombras rectas

ahora que ya no cabe más soledad

en las paredes de vidrio.

Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;

miro el instante donde muere un milenio

y otro despunta su terrestre dominio.

Mi siglo vertical y lleno de teorías...

Mi siglo con sus guerras, sus posguerras

y su tambor de Hitler allá lejos,

entre sangre y abismo.

Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios

por un trago, por un poco de jazz,

contemplando los dioses que duermen disueltos

en el serrín de los bares,

mientras descifro sus nombres al paso

y sigo mi camino.

Ser esclavo.

Ser el esclavo que perdió su cuerpo

para que lo habiten las palabras.

Llevar por huesos flautas inocentes

que alguien toca de lejos

o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo

y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen

y lo hostiga el claror incisivo

de su hermana, la lámpara.

Siempre en terror de estar en vela

frente a los astros

sin que pueda mentir cuando despierten

aunque diluvie el mundo

y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista

de malditos metales

y trasmutar su tedio en ágatas,

en oro el barro humano,

para que no lo arrojen a los perros

al entregar el parte.

miércoles, junio 04, 2008

DUDAS: HABER - HAY - HEMOS- HABÍA - HUBO - HABRÁ -

Haber.

«Verbo impersonal. Además de su empleo como auxiliar, el otro uso fundamental de haber es denotar la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña y que va normalmente pospuesto al verbo:

Hay alguien esperándote;

Había un taxi en la puerta;

Mañana no habrá función;

Hubo un serio problema.

Como se ve en el primer ejemplo, en este uso, la tercera persona del singular del presente de indicativo adopta la forma especial hay. Esta construcción es heredera de la existente en latín tardío «habere (siempre en tercera persona del singular) + nombre singular o plural en acusativo». Así pues, etimológicamente, esta construcción carece de sujeto; es, por tanto, impersonal y, en consecuencia, el sustantivo pospuesto desempeña la función de complemento directo. Prueba de su condición de complemento directo es que puede ser sustituido por los pronombres de acusativo lo(s), la(s):

Hubo un problema > Lo hubo;

No habrá función > No la habrá.

Puesto que el sustantivo que aparece en estas construcciones es el complemento directo, el hecho de que dicho sustantivo sea plural no supone que el verbo haya de ir también en plural, ya que la concordancia con el verbo la determina el sujeto, no el complemento directo. Por consiguiente, en estos casos, lo más apropiado es que el verbo permanezca en singular, y así sucede en el uso culto mayoritario, especialmente en la lengua escrita, tanto en España como en América:

Había muchos libros en aquella casa (Ocampo Cornelia [Arg. 1988]);

Había unos muchachos correteando» (VLlosa Tía [Perú 1977]);

Hubo varios heridos graves (Valladares Esperanza [Cuba 1985]);

Habrá muchos muertos (Chao Altos [Méx. 1991]).

La misma inmovilidad en singular del verbo conjugado debe producirse en el caso de que haber forme parte de una perífrasis con poder, soler, deber, ir a, etc.:

En torno de una estrella como el Sol puede haber varios planetas (Claro Sombra [Chile 1995]);

En esta causa va a haber muchos puntos oscuros (MtzMediero Bragas [Esp. 1982]).

No obstante, la excepcionalidad que supone la existencia de un verbo impersonal transitivo, sumado al influjo de otros verbos que comparten con haber su significado «existencial», como estar, existir, ocurrir, todos ellos verbos personales con sujeto, explica que muchos hablantes interpreten erróneamente el sustantivo que aparece pospuesto al verbo haber como su sujeto y, consecuentemente, pongan el verbo en tercera persona del plural cuando dicho sustantivo es plural:

*Hubieron muchos factores que se opusieron a la realización del proyecto» (Expreso [Perú] 22.4.90);

*Entre ellos habían dos niñas embarazadas» (Caretas [Perú] 1.8.96).

Incluso se ha llegado al extremo de generar una forma de plural *hayn para el presente de indicativo, con el fin de establecer la oposición singular/plural también en este tiempo:

*En el centro también hayn cafés (Medina Cosas [Méx. 1990]).

Paralelamente, se comete también el error de pluralizar el verbo conjugado cuando haber forma parte de una perífrasis:

*Dice el ministro que van a haber reuniones con diferentes cancilleres (Universal [Ven.] 6.11.96).

Aunque es uso muy extendido en el habla informal de muchos países de América y se da también en España, especialmente entre hablantes catalanes, se debe seguir utilizando este verbo como impersonal en la lengua culta formal, de acuerdo con el uso mayoritario entre los escritores de prestigio.

[Real Academia Española: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 330-331]

«Es muy importante el empleo de haber como impersonal, para expresar la presencia del ser o seres, objeto u objetos designados por el sustantivo que en el enunciado se sitúa normalmente después del verbo. En este uso, en que el verbo solo tiene una persona (la 3a de singular) en cada tiempo, el presente tiene la forma especial hay:

Hay (no “ha”) mucha gente en la calle.

Interesa tener presente ese sustantivo que acompaña al verbo (y que designa el ser u objeto cuya presencia enunciamos) no es su sujeto, sino su complemento directo, y lo demuestra el hecho de que cuando no es un nombre, sino un pronombre personal, este toma la forma de complemento directo (lo, la, los, las) y no la de sujeto (él, ella, ellos, ellas):

No lo hay.

No las hay.

Por no ser sujeto ese sustantivo, es erróneo poner en plural el verbo cuando el sustantivo está en plural

*Habían pocas personas.

Esta concordancia del verbo haber con el sustantivo en plural se produce en España principalmente en el área del catalán y en hablantes procedentes de ella:

*En los escalones de la picota habían tres o cuatro viejos,

*Habrán lluvias y chubascos en Galicia, Cantábrico, ambas Castillas,

Y está bastante extendida en América:

*¿Han habido tiros, muertos?

En español normal el haber impersonal lleva habitualmente el complemento directo en forma indeterminada, esto es, sin artículo, o con artículo indefinido, o con adjetivo indefinido o de cantidad:

Había gente.

Había una señora.

Había unas señoras.

Había pocas señoras.

Había tres señoras.

Había sillas.

Había cuartos.

No es frecuente que el complemento directo lleve artículo definido, como en este caso:

Las cuadras, en las que había las vacas que podemos llamar de servicio, algunas jacas propias o de los visitantes y, al fondo, el pajar.

Cuando se desea expresar la presencia de una primera o segunda persona, no se emplea haber, cuyo uso impersonal solo se refiere a terceras personas. Como, por otra parte, ya queda dicho que en este uso impersonal la persona o cosa referida es complemento directo y no sujeto, no es aceptable una construcción como:

Habíamos solo tres personas en la sala.

En casos como este se emplea el verbo estar:

Estábamos solo tres personas en la sala.

No obstante, esta construcción culta no siempre responde bien a la expresividad que en la lengua coloquial, especialmente en el nivel popular, tiene la concordancia de haber con “nosotros”; así en este ejemplo:

No hay ningún tío, mejor dicho, no habemos ninguno.

Obsérvese que en este caso se emplea la forma habemos por hemos

[Seco, Manuel: Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 101998, p. 238-239]

*(Ejemplo erróneo)

lunes, junio 02, 2008

DUDAS: DIPTONGO.

diptongo.

1. Es la secuencia de dos vocales distintas que se pronuncian dentro de la misma sílaba: vien - to, a - cei - te, cau - sa, sua - ve. Desde el punto de vista fonético, en español pueden dar lugar a diptongos las siguientes combinaciones vocálicas: vocal abierta (a, e, o) + vocal cerrada (i, u) átona; vocal cerrada átona + vocal abierta; y vocal cerrada + otra vocal cerrada distinta (es decir, las secuencias iu o ui): aula, cuadro, cantáis, peine, androide, justicia, cielo, funcn, ciudad, descuido, vacuo. Aunque, en el habla, la secuencia de dos vocales abiertas —especialmente cuando ninguna de ellas es tónica (petróleo, raedera)— puede articularse como diptongo, esta combinación vocálica se considera siempre hiato desde el punto de vista normativo (HIATO).

2. De las secuencias anteriores, se pronuncia siempre como diptongo el grupo formado por una vocal abierta tónica y una cerrada átona (en ese orden): Sainz, teméis, voy, causa. Pero, por lo general, aparte de este grupo, una misma combinación vocálica de las mencionadas en el párrafo anterior se pronuncia, en unas palabras, dentro de la misma sílaba —diptongo— y, en otras palabras, en sílabas diferentes —hiato—; por ejemplo, la secuencia ie se pronuncia como diptongo en la palabra miedo (mie - do) y suele pronunciarse como hiato, al menos en España y algunas zonas de América, en rieron (ri - e - ron). Por otra parte, algunas de estas combinaciones vocálicas (las formadas por una vocal cerrada átona y una abierta tónica, o por dos vocales cerradas diferentes) pueden, en una misma palabra, fluctuar en su pronunciación entre el hiato y el diptongo, dependiendo de diversos factores, como el mayor o menor esmero en la pronunciación, el origen geográfico o social del hablante, etc.; así ocurre, por ejemplo, en gratuito, que puede pronunciarse con diptongo (gra - tui - to) o con hiato (gra - tu - i - to), y en cruel (cruel o cru - el). Dada esta variabilidad, se ha optado por establecer una serie de convenciones sobre qué ha de considerarse diptongo y qué ha de considerarse hiato a la hora de acentuar gráficamente las palabras. Así, cada secuencia vocálica será considerada siempre un hiato o siempre un diptongo al colocar las tildes, con independencia de su pronunciación real dentro de la palabra (→ tilde2, 2.1.1 y 2.2.1).

3. La h intercalada no influye en absoluto en la consideración como diptongo o como hiato de una secuencia vocálica. Así, hay grupos de vocales con h intermedia que forman diptongo: ahijado, ahumar, prohibir, y otros que forman hiato: ahínco, turbohélice, prohíbe.

4. Debe evitarse en el habla la reducción del diptongo a una sola vocal: [ulójio] por Eulogio, [kontíno] por continuo, [bénte] por veinte, [trénta] por treinta. En el caso de los numerales compuestos de las series del veinte y del treinta, esta monoptongación es común, incluso entre personas cultas, pero es conveniente evitarla en la pronunciación esmerada: [bentikuátro] por veinticuatro, [trentaidós] por treinta y dos. Son extremadamente vulgares los casos de cierre de la e en i: [bintikuátro]. También debe evitarse pronunciar como diptongos algunas combinaciones vocálicas que son siempre hiatos en la dicción culta: [golpiár] por golpear, [kuéte] por cohete. CONSULTA AQUÍ DICCIONARIO PANHISPÁNICO DE DUDAS.

sábado, mayo 31, 2008

Cartas a un joven poeta.

Por: Rainer María Rilke.

(Fragmentos I)

París, a 17 de febrero de 1903

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehúya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.

Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.) Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil : en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.

¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera, esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.

Fue para mí una gran alegría el hallar en su carta el nombre del profesor Horacek. Sigo guardando a este amable sabio una profunda veneración y una gratitud que perdurará por muchos años. Hágame el favor de expresarle estos sentimientos míos. Es prueba de gran bondad el que aun se acuerde de mí, y yo lo sé apreciar.

Le devuelvo los adjuntos versos, que usted me confió tan amablemente. Una vez más le doy las gracias por la magnitud y la cordialidad de su confianza. Mediante esta respuesta sincera y concienzuda, he intentado hacerme digno de ella: al menos un poco más digno de cuanto, como extraño, lo soy en realidad.

Con todo afecto y simpatía,

Rainer Maria Rilke.

jueves, mayo 29, 2008

LA PÁGINA DEL IDIOMA ESPAÑOL.

Doce años en la red.

Por Ricardo Soca.

Publicado en Donde dice..., la revista de la Fundéu.

La Página del Idioma Español vio la luz el 23 de abril de 1996, en una internet que maravillaba a los hispanohablantes con sus portentos, tales como la novedosa World Wide Web, la entonces incipiente telaraña mundial que vino a convertirse en elemento fundamental de las comunicaciones modernas, o el correo electrónico, una comunicación instantánea y gratuita con el mundo.

La lengua castellana daba sus primeros pasos en la red mundial mientras el inglés, con varios años de trayectoria, se enseñoreaba del ciberespacio con un dominio casi absoluto, consecuencia natural del origen de la internet, que nació y vivió sus primeros años en Estados Unidos. Con la universalización de la red, ElCastellano.org fue una de las primeras páginas, tal vez la primera, dedicada específicamente al idioma español, como reconoció el comunicador español José Antonio Millán, quien calificó el sitio como "precursor", a pesar de la pobreza de sus primeros tiempos. En efecto, los cincuenta visitantes diarios que recibió durante el primer mes de su vida no eran nada ante los 13 000 ó 14 000 que recibe hoy, y que consultan más de 35 000 páginas por día.

Es posible que al comienzo, tal vez algo perplejo ante la novedad del medio, no me haya dado cuenta plenamente de las posibilidades de interacción con los visitantes que la internet ofrece. Durante los primeros meses, los veía llegar, en silencio, mediante los programas de análisis de visitas y de páginas vistas, pero no encontraba la manera de comunicarme en forma personal con ellos, hasta que empecé a recibir mensajes de estímulo, a veces con críticas que me servían para orientar el timón. En cierta ocasión, uno de los visitantes sugirió la creación del formulario de contacto, idea que hoy parece elemental, pero que en aquellos tiempos sonaba como un abstruso tecnicismo. La idea propició una comunicación más fluida, pero que hoy se ha convertido en un verdadero torrente, muy difícil de atender. Los primeros contenidos que se incorporaron a La Página del Idioma Español fueron listas de diccionarios -los primeros diccionarios en red-, artículos sobre normativa, prácticamente todo el Esbozo de una nueva gramática, una lista de diarios y otra de radios en español, y poca cosa más. En poco tiempo se agregaron colaboraciones de amigos como Alberto Gómez Font y Xosé Castro, reproducciones -especialmente autorizadas- de textos de los libros de Álex Grijelmo y del ya desaparecido Juan Ramón Lodares, así como un capítulo sobre el idioma de los deportes, a cargo del especialista en ese tema, el lingüista vallisoletano Jesús Castañón Rodríguez. Esta sección deportiva desembocó luego en la laureada web de Castañón Idioma y Deporte (http:// www. idiomaydeporte. com).

Durante un año, La Página del Idioma Español contó con una ayuda financiera del Instituto Cervantes, que fue muy importante para incorporar novedades, programas y rehacer la presentación de esta web.

Sin embargo, el paso decisivo -que determinó el viraje más significativo en la historia de este sitio- fue la creación de La Palabra del Día, un boletín gratuito que ofrece en cada envío la etimología de una palabra del castellano, desarrollada mediante una investigación rigurosa, respaldada por una amplia bibliografía, pero ofrecida a los lectores en un lenguaje ameno y accesible. Esta iniciativa cuenta hoy con cerca de doscientos mil suscriptores gratuitos.

La Palabra del Día dio lugar también a un diccionario etimológico -hasta hoy incluye unos mil quinientos términos y está disponible en http: //www. elcastellano.org / palabra. php. Así como a los libros La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras. Estos dos volúmenes deben de ser los más corregidos de la historia, ya que, ante el menor error, llega un formidable caudal de mensajes de los lectores más atentos, lo que constituye una inestimable ayuda y un valioso control de calidad, como sólo es posible en la internet.

Una de las cuestiones que más atiza la curiosidad de quienes nos escriben es el origen de los visitantes por país. No tenemos las cifras exactas, pero sabemos que, en su mayoría, son internautas de España, seguidos de cerca por los de México, Estados Unidos, Argentina y, un poco más lejos, Chile y Brasil. Los envíos de La palabra del Día se dirigen a 123 países, algunos tan distantes como China, Singapur, Samoa estadounidense, Moldavia, Bielorrusia y Vietnam, lo que de alguna forma testimonia el vigor con que avanza en el mundo el interés por la lengua española.

El crecimiento del número de visitantes creó algunos problemas, cuya resolución condujo a nuevos avances. En efecto, se fueron cerrando las puertas de los proveedores de internet -que, en general, incluyen doscientos o trescientos clientes en cada máquina- y nos obligó a alquilar un servidor propio en Estados Unidos, es decir, una única máquina destinada a albergar EICastellano.org.

Esta llegada a la mayoría de edad acarreó nuevos gastos, que solo fue posible costear casi totalmente con el surgimiento del sistema de anuncios de Google, una novedad que nos planteó nuevos problemas técnicos, al obligarnos a encontrar formas de incorporar ese sistema sin alterar de manera sustancial las características gráficas del sitio.

Otra de las novedades ha sido el servicio de noticias del español, que en un tiempo se nutrió del servicio de EFE, pero que hoy, ante la imposibilidad de costearlo, se alimenta con el noticiero proporcionado por Google, con datos publicados en la prensa mundial.

Merece una especial mención el Diccionario Argentino-Español, del profesor universitario Alberto J. Miyara, de Rosario, Argentina. Esta obra digital, escrita con buen humor y, ciertamente, con mucho, mucho trabajo, es descrita así por su autor:

Se cifra en 2600 las palabras argentinas que dejan a los españoles con la mandíbula por el subsuelo. Muchos idiomas tienen un caudal léxico bastante menor que eso. Alguien puede sostener que el castellano tiene 90.000 palabras, y que en ese contexto 2600 términos diferentes son relativamente pocos. Se trata de una triquiñuela de los académicos. Sus datos son rigurosamente exactos; pero lo que no nos dicen es que el español y el argentino coinciden en palabras como narrio, gules o arrejaque, mientras que difieren en la manera de nombrar al zapallo [calabaza], al poroto [judía], a la arveja [guisante], al balde [cubo], al barrilete [cometa] o aun a la computadora [ordenador] o al telgopor [poliexpand]. En otras palabras, coinciden en los vocablos que nadie sabe lo que quieren decir, y se diferencian en los que se usan día a día.

En 2007 incorporamos la última novedad, y creemos que la más importante, tanto para los hispanohablantes como para las personas de otras lenguas: el consultorio de dudas de uso del español, que funciona en http: //www. elcastellano.org/ consultas.php. Este servicio -que está en manos de profesionales del idioma, principalmente Norma Tow, Ana Isabel Buelga y Ana Lorenzo, entre otras- ha evacuado en menos de un año unas dos mil consultas sobre un variopinto abanico de temas, tales como sintaxis, tildación, uso de mayúsculas, etimología y puntuación, por mencionar solo los más frecuentes.

Más de dos mil visitantes de EICastellano.org debaten sobre cuestiones del idioma en el Foro Cervantes, instalado en el servicio de grupos de Yahoo, en el cual es posible inscribirse en http://www.elcastellano.org/forocervantes.html.

El Foro Cervantes funciona como un espacio de colaboración, una extensión de la Página, donde los participantes exponen sus dudas o contribuyen a evacuar las de otros miembros, al tiempo que se intercambian puntos de vista desde diversos espacios geográficos. Se trata de una iniciativa que hubiera sido impensable hace pocos años, en la que intervienen no solo miembros de todos los países hispanohablantes, sino también nativos de otras lenguas, quienes encuentran allí una forma de acercarse a esta "lengua de andariegos e inmigrantes".

Sin duda, este foro constituye, con la fluidez de la comunicación que se establece entre hablantes de ámbitos tan diversos, una muestra de la formidable unidad de nuestra lengua, a pesar de su rica diversidad.